Ahora cuando alguien llena su bolsa de basura, sólo tiene que bajarla al contenedor o dejarla en la puerta del apartamento para que el portero se encargue de llevarla a su sitio.
Tenemos bolsas para basura orgánica, bolsas para cristal, para envases plásticos, etc, etc.
Pensando en esto, me ha venido hoy a la memoria la historia de Joseito el de la basura.
Corrían los primeros años de la década de los 60.
La casa de mis padres y el taller de herrería de la familia, estaban situados en la zona de los cuarteles militares de Ronda, entre el cuartel de infantería y "el Fuerte"
Allí, en "el Fuerte", en una especie de cueva de dos metros de hondo por un metro de altura, excavada en un boquete del puente que cruzaba las vías del tren, "vivía" Joseito.
Él era un hombre mayor, apenas medía metro y medio.Sucio, maloliente, siempre con un abrigo viejo y raído tanto en invierno como en verano, así como una gorra, que tuvo alguna vez un color, que nos impedía verle bien el rostro.
Comía de lo que los soldados le querían dar del rancho.
No hablaba si no era para decir "buenas", "adiós" y "gracias"
Joseito, recogía puerta por puerta los desperdicios y las basuras que generaban las casas de las personas que vivían en aquel barrio.
Iba con dos cubos de lata abollados que llenaba y en la calle le esperaba un carrillo de mano del cual tiraba con el cuello mediante una cuerda .
Cuando estaba lleno hasta la saturación lo vaciaba y volvía a empezar la tarea.
Yo recuerdo que en casa le daban dos reales (media peseta) cada vez que se llevaba la basura. Cada uno le daba lo que podía.
Yo tenía que pasar cada día por ese puente donde él "vivía" por que mi instituto estaba un poco más allá de ese sitio.
Al pasar por allí, los niños mirábamos de reojo con curiosidad, pero nunca logramos ver nada más que el saco de yute que hacía las veces de puerta de entrada.
Sabíamos que Joseito se enfadaba cuando nos acercábamos a su cueva, alguno contó que le había tirado piedras para alejarlo.
El caso es que nunca llegué a saber qué habría llevado a ese hombre a vivir de esa manera, más cercana a un animal que a una persona.
Sin él, sin Joseito no sé que hubieran hecho con la basura.

Pues por esta zona, en otros tiempos, se reciclaba por un motivo lógico: los restos orgánicos de frutas, verduras y restos de comida se echaban en un cubo llamado "de la lavadura" (se les pasaba a los platos la primera agua)y se lo daban a los cerdos, gallinas o perros. Las personas que no tenían animales siempre encontraban a quien dárselo.
ResponderEliminarEra la economía del momento.
uf qué historia, parece de cuento para asustar a los niños. ¿No tendría una especie de síndrome de Diógenes? Mi madre tenía un tío que era muy sucio, vivía sólo y tal ¡pero estaba forrado, tenía mucho dinero! Qué curioso es el género humano.
ResponderEliminarEsta historia me ha recordado a otra de mi infancia y de mi barrio.
ResponderEliminarEl hombre se llama Juan, pero todo el mundo le decía Juanichi el mugrero, iba con una mula por los barrios a llevarse la basura a cambio de unas pesetas, a veces los más frescos le echaban la basura en el serón de la mula ya salían corriendo para no darle las monedillas. Creo que en muchas ciudades esto era lo que había relacionado con la basura.
BESOS.
En todos los pueblos había no hace mucho tiempo personajes como el que tu describes hoy, ya solo nos queda el recuerdo, ¿Cómo le sentaría a Joseíto que su historia esté hoy "Rondando" por la red?, un saludo.
ResponderEliminar¡Curiosa historia! Yo ¿sabes? acabo de ver a los que llegan siempre con un carrito vacio a los cubos de mi casa (en cuanto que los saca el portero)....rebuscan y encuentran......Besos
ResponderEliminarEs curioso, aqui en Palma del Río los que trabajaban en el servicio de basuras (siempre ha estado contratado a alguna empresa)cuando era niño también eran personajes peculiares, pobres, raros, los que estaban dispuestos a meterse en ese mundo poco agradable. Ahora cualquiera daría algo por entrar a trabajar en un servicio así. Saludos.
ResponderEliminarEn las zonas rurales antes se reciclaba por propio interés la basura orgánica. En las ciudades, al menos en Madrid, bajábamos la basura cuando tocaba el barrendero una corneta y avisaba que estaba pasando.
ResponderEliminarEl tal Joselito es uno de esos personajes que se apartan, o le apartan, de la sociedad y prefieren vivir de forma asocial.
Un beso
Salud y República